¿Ser o no ser vegetariano?

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21/04/2017

Hace varios meses, empecé a cuestionarme mi alimentación y a generar cambios después de haber visto varios reportajes. La primera etapa ha sido eliminar de mi dieta la mayor cantidad posible de productos procesados y enfocarme en una cocina casera con productos sanos. Saqué los platos preparados, galletas, caldos, pan blanco y yogures industriales de mi cocina. Ahora cocino todo, hasta el pan y el yogur, y uso ingredientes sanos: chao harina blanca y azúcar refinado, hola verduras de la feria. Toma tiempo pero vale la pena.

La segunda etapa, que está en proceso, es eliminar la carne de mi dieta. En otras palabras, volverme vegetariana. Cuando lo pienso, no tengo dudas de que es la mejor opción, todos los argumentos van a favor de una alimentación vegetariana. Pero en la práctica me cuesta mucho, porque es un cambio radical y porque el consumo de carne tiene un factor cultural y social importante.

Para profundizar mi reflexión y aprender a comer vegetariano sin carencias nutritivas, he pasado 3 días en el valle del Quilimarí con Heidi Dettwiler, autora de “Cocina para el alma”.  Hoy quiero compartir con ustedes mis reflexiones para ser o no ser vegetariano.

El impacto ambiental

El consumo de carne tiene un impacto ambiental terrible y acelera el cambio climático. Uno de los factores es la deforestación: para poder criar miles de millones de vacas, chanchos y pollos, hay que producir toneladas de cereales. Lamentablemente, para generar el espacio necesario al cultivo de estos cereales, se queman hectáreas de bosques nativos.  El 91% de la deforestación del Amazonas se debe al cultivo de cereales destinados a la alimentación de ganado. Y el consumo de agua para regar estos campos es brutal: ¡para producir 1 kg de carne roja, se requieren 15.000 litros de agua! El 55% del consumo de agua en el mundo está dedicado a la agricultura para la producción animal. Eso te hace ver los asados con otra mirada…

Otro factor de cambio climático que depende de la industria de la carne es la producción de gases de efecto invernadero (el 18% de los gases emitidos, nada menos), metano en particular. Las vacas se tiran pedos y eructan. Sí sí. Y mucho. Cada vaca emite entre 250 y 500 litros de metano por día (les dije que se tiraban hartos pedos), y se crían aproximadamente 1.500 millones de vacas para nuestra alimentación. Te dejo sacar el cálculo.

Hay muchos impactos más, entre otros la contaminación de los suelos y del agua por la concentración animal. ¿Ya has visto un chancho? Ahora imagínate 10.000 chanchos en un espacio reducido. Contamina las reservas de agua subterráneas y perjudica la supervivencia de otras especies animales que viven en la zona.

Si se ocupara la superficie agrícola actual para producir cereales, verduras y legumbres para nuestra alimentación en vez de para la cría de ganado, podríamos alimentar el mundo entero y reducir significativamente el cambio climático. Comer vegetariano es involucrarse en contra del cambio climático.

Si te interesa el tema del impacto ambiental del consumo de carne, te recomiendo ver el documental Cowspiracy (disponible en Netflix). Está basado en estudios muy serios y verificados que puedes corroborar con datos en su página web.

El impacto sobre la salud

Al criar miles de animales juntos en superficies reducidas, contraen enfermedades. Para responder a la necesidad de eficiencia y rendimiento de la industria, se les da antibióticos (para que no se enfermen) y hormonas (para que crezcan más rápido). Cuando comemos esta carne, absorbemos estos antibióticos y hormonas. Eso perturba nuestro sistema inmunitario y nuestro sistema hormonal. El efecto directo aún no está reconocido por las autoridades sanitarias porque el impacto sobre la industria y el escándalo público sería demasiado brutal. Pero ya podemos observar el impacto sobre nuestra salud: todos conocemos personas con problemas de tiroides, con dificultades para tener hijos, con enfermedades auto-inmune, cáncer, etc. Y va aumentando a medida que nuestra alimentación se industrializa.

Otro elemento que me hace mucho sentido es que los animales de mataderos están MUY asustados y estresados. Se dice que nuestra sociedad está cada vez más estresada por su ritmo de vida, pero creo que mucho de este estrés lo absorbemos a través de la carne. Imagina un pollo que ha vivido toda su vida en un galpón y que aparte de no haber visto la luz del sol en su vida, vivió toda la vida en un jaulita en la que el suelo es artificial. Ese animal no ha recibido ningún tipo de energía natural, todo es de mentira. Comer su carne no te puede hacer bien.

Recuerda que eres lo comes, y lo que tu comida comió. Al comer carne absorbes antibióticos y hormonas que te hacen mal, además de todas las cosas asquerosas que le agregan a la carne (me dan ganas de quemar el supermercado cada vez que veo los pasillos de pollo marinado)

Una vida por una vida

Uno de los principales argumentos que se escuchan para hacerse vegetariano es el de no matar animales. Yo creo sin embargo que el hecho de matar para comer es natural, es la ley de la naturaleza. Los zorros se comen a los pollos y los pollos se comen a los gusanos. Lo que no es natural, es que sea totalmente desequilibrado: estamos consumiendo mucha más carne de la que realmente necesitamos. La OMS recomienda comer 500 grs de carne a la semana. Es decir una porción de carne dos o tres veces a la semana. Pero la mayoría de los chilenos comen una porción de carne con cada comida. O sea 5 veces más carne de lo que se recomienda para nuestra salud. ¿Dimensionas el desperdicio de vidas animales?

Cuando estuve con Heidi Dettwiler, nos comentó que en la filosofía budista, se da el mismo valor a todas las vidas. La vida de un gusano vale lo mismo que la vida de un buey. Si vas a comer mariscos por ejemplo, estás comiendo 10 vidas en una comida. En cambio si comes carne de vaca, estás comiendo 1/100 de vida. Eso quiere decir que si no tienes más opción que comer carne, trata que la vida que tomes sea la más aprovechada posible, es decir que alimente a la mayor cantidad de seres posibles. Pero sobre todo, si tienes alternativas y puedes evitar la muerte de otro ser para alimentarte, hazlo.

El rol social de la carne y el peso de las costumbres

Frente a todos estos argumentos, no puedo llegar a otra conclusión: necesito ser vegetariana, por mi salud y la del mundo en el cual vivo. Sin embargo se me está haciendo muy difícil no comer carne. Lo compararía con dejar de fumar cuando todos tus amigos fuman. Requiere un esfuerzo tremendo para salirse de la norma y decir “NO”.

La carne tiene un rol social muy potente, y más aún en Chile: todas las juntas incluyen un asado. Las fiestas familiares y/o nacionales incluyen un asado. El hecho de no comer carne implica de alguna forma no participar en la fiesta. Es como ir al cumple y no comer torta, figúrense la cara de los dueños de casa. Si voy a comer donde una tía y le digo que no al plato de carne que me preparó con cariño, siento que le estoy faltando al respeto o que la estoy decepcionando. Quizás es porque no me declaro como vegetariana todavía y la gente espera que coma carne. No sé si es parte del proceso.

Las costumbres son muy fuertes también. Yo aprendí a cocinar con carne. Le pongo tocino a la quiche, me encantan los embutidos, puedo preparar 100 tipos de pollo con arroz. Pero a la hora de cocinar vegetariano estoy perdida. Aprendí algunas recetas con Heidi Dettwiler pero cuando llego raja a las 20h a mi casa después de un día de trabajo, no sé qué cocinar. Cuando trato de preparar algo vegetariano, no falta el comentario de mi pareja que me pregunta ¿Y la proteína?. La proteína está en muchos productos no animales, pero socialmente, culturalmente, estamos condicionados para esperar una carne en cada comida. Si no, no es comida.

Conclusión:

Estoy convencida de que tengo que comer vegetariano y hablar del tema para convencer a más personas de que se hagan vegetarianos. Es necesario para nuestra salud y la del planeta. Pero en la realidad, en el día a día, no es tan simple. Digamos que estoy en un proceso de cambio. He decidido comer vegetariano la mayoría del tiempo. Cuando pueda. Cuando esté invitada, coma fuera de mi casa o cocine para personas no vegetarianas, comeré un poquito de carne. Cuando me toque a mí comprar carne, trataré de asegurarme de que sea de buena calidad: que provenga de lugares donde respetan los animales y no les inyectan antibióticos ni hormonas (como la Agrícola Tinajacura). Mientras tanto, enfrento el desafío con mucho ánimo.

¿Y tú? ¿Ya dejaste la carne? ¿Estás en proceso también? ¿Quieres seguir comiendo carne? ¿Te sabes recetas vegetarianas deliciosas? ¡Comparte tu experiencia y reflexiones en los comentarios!

Reportajes recomendados en Netflix: 

  • Cowspiracy (sobre el impacto del consumo de carne)
  • Cooked (4 episodios, sobre la evolución de la alimentación)
  • Fed up (sobre el azúcar en la industria agro-alimenticia)

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1 Comment

  1. Juliette dice:

    Comparto el Análisis. Como vegetariano cuando estoy sola pero no con mi familia donde la presión de “donde esta la carne / esto es un acompañamiento”. Pongamos mas lentejas, algas y quinoa en nuestra dieta!

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Quién soy

Me llamo Delphine, soy francesa, radicada en Santiago desde 2010 y apasionada de cocina. Quiero compartir con ustedes mis recetas (que sean clásicos franceses, inventos míos o inspiraciones) y mis experiencias gastronómicas día a día. Espero que disfruten el blog, no duden en contactarme para proponer recetas o ir a comer algo!

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